"People will accept your ideas much more readily if you tell them Benjamin Franklin said it first"
DHC

25.5.11

Piedra de Mar, por Francisco Massiani

“Sufrir sin reposo”, decía el amigo Flautín. Flautín el aburrido, hablaba de escribir. Realmente, escribir es sufrir sin reposo, pero tiene sus méritos y sus recompensas. El narrador de nuestra historia, sin nombre, apodado Carecorcho, está escribiendo una novela. Se le hace bastante difícil dado que en su vida no pasa nada. Dejó los estudios, está enamorado, fuma, se cae a palos de ron y jode a sus amigos. Empezó a escribir una novela por hacer algo. Así mismo. Por decirle a Carolina que hacía algo. En pocas palabras, es un desastre el tipo. Se salió de la universidad que si por falta de interés o algo parecido. Persigue a una que no lo quiere, ni lo sabe todavía porque Corcho no le ha dicho. Cuando trata, le da la maldita tembladera y llega a un extremo su timidez y su humillación que se quiere morir. Le pasa muy seguido en este fin de semana que nos cuenta, a veces escribiendo al mismo tiempo que pasan las cosas. Cuando se queda sin ideas o sus ideas se quedan sin él, llama a sus amigos para preguntar qué hacen. Algunos le dicen que deje el fastidio, otros le cuentan alguna tontería. Total que termina escribiendo diálogos entre casi-hombres, casi-adolescentes en su lenguaje juvenil, que es como relata toda la historia.

Todo esto ocurre en la Caracas de los 60 y una que otra partecita en la playa, en una ciudad llena de gente sin sabor. Sin una estructura concretamente definida, Corcho relata de forma relativamente rápida y directa lo que le hizo cambiar de opinión sobre Carolina. Carolina es la que quiere, pero no se lo ha podido decir. Marcos siempre se mete. Marcos, el que se parece a un mono, que piensa que todas gustan de él. Marcos es el enano, que también está detrás de Carolina. Ella parece no saberlo, ni le da importancia, pero los dos se pelean y se reconcilian y se odian y van a fiestas y se echan varilla el uno al otro para anotar puntos con las mujeres. José, el oyente principal de la historia, es un experto en esto. Se las sabe todas, pero cuando trata de transmitirle sus conocimientos a Corcho, no funciona. Corcho no sirve para esto. Al menos lo intenta, como con la anfitriona de la fiesta arruinada, Sonia la de la esquina lluviosa, Kika y Jania. Jania fue su primera, lo que la hace especial, aunque no se sabe si es o no es verdad. Si el autor nos pide permiso para mentir sobre una mujer, ¿cómo sabemos que el resto es real? En fin, Jania y Corcho pierden la chispa, ella se casó joven y se acabó lo que se daba. Kika sí lo esperó. Kika lo rescató cuando caía en un abismo por lo de Carolina, que se burló de él hasta no saber por qué. Kika es dulce, maravillosa y le da algo de frescura al relato. El resto de los amigos de Corcho son otro cuento. José, que por más que se dé mujeriego, no se separa de Julia, que lo conoce bien. Lagartija es igualito a Corcho, dejó los estudios y está loco de amor y de hormonas, pero él sí tiene a alguien. Tiene a dos, de hecho, su mujer y su novia, Betty y Nancy. Todos estos personajes, más que formar parte del relato principal, encabezan los otros rollos que Corcho explica en su cuento.

Están los problemas entre José y Julia, los problemas con Marcos, los problemas en la calle, los problemas con el revólver. A pesar de esto, el tema central sigue siendo Corcho. Que si no sabe qué hacer con su vida, que si no sabe a dónde ir, con quién. A veces piensa que interrogando a los demás encontrará sus respuestas, por lo que se ve siempre en los zapatos de otros, aunque sea una niñita comiendo helado. Esto logra que el hombre se desvíe un poco del tema principal, pero lo ve desde más puntos de vista, lo entiende mejor.

Al final lo que se entiende es que el hombre ha perdido la dirección, las ganas, pero logra ponerse de pie cuando recibe apoyo. La historia termina en el mismo lugar donde empezó, pero totalmente distinta. Otra gente, otras ideas, incluso la piedra de mar había cambiado. De esto se dio cuenta en el momento crucial de la historia, cuando irrumpe en el cuarto de Carolina y huye sin resultados y sin zapato. Probablemente fue ahí cuando entendió que era hora de salir de eso, se había acabado sin haber empezado. Antes, la piedra decidía el destino de Corcho, su prosperidad o su desgracia. Ahora, la piedra era un símbolo de lo que venía, lo que estaba por verse. Era una piedra nueva y pronto sería un hombre nuevo. Palabra.

2 comentarios:

  1. Marmiel:
    A lo largo de la vida nos replanteamos y nos reescribimos cuando verificamos que es el momento de cambiar y te sientes nueva.

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  2. Lo sé, pero es difícil manejarse. De hecho, todo el tiempo me estoy replanteando las cosas. Sólo espero que pueda mantenerme donde quiero.

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